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sábado, 17 de marzo de 2012

LA ESCUELA NORMAL DE ITATÍ: UN CINCUENTENARIO ENTRE FESTEJOS, MELANCOLÍA Y REFLEXIONES

Hace unos meses se percibe en Itatí un clima raro con olor a nostalgia y alegría, como una conjunción de generaciones hablando en un mismo idioma, un idioma que pretende festejar algo fecundado por un grupo de Itateños y que hoy, nosotros, 50 años después, somos testigos de ese sueño realizado. 


La Escuela Normal Superior “Doctor Pedro Bonastre” cumple 50 años de trayectoria, y con ella todo un pueblo se presta a festejar tantos años dedicados a la formación de jóvenes itateños y foráneos, quienes residiendo transitoriamente, también se han nutrido del saber impartido por esta institución. 

Durante todos estos años, en la Escuela Normal se han vivido momentos en el que se mezclaron el amor hacia las ciencias, el deporte y la fe, inmersos en la idiosincrasia correntina. Un gran número de docentes ha pasado por sus aulas, algunos lugareños y otros que, con sacrificio diario y los inconvenientes propios del transporte de la época llegaban hasta esta institución dando de sí lo mejor. 

No en vano la escuela lleva el nombre de Pedro Bonastre, destacado emprendedor itateño, tal vez como un vaticinio de lo que iba a ser después, una casa de estudios forjadora de generaciones de profesionales, pero por sobretodo hombres y mujeres de bien que, dispersos por el mundo, la llevan como emblema. 

El acontecimiento que hoy nos congrega es un hermoso motivo para evocar las aspiraciones de ese grupo de docentes y colaboradores que percibieron una necesidad insatisfecha en el plano educativo itateño cuando otros no veían. Esa necesidad que habla del deseo de superación ya no como una cuestión personal, sino como ansias de realización para todo un pueblo que por ese entonces pretendía crecer en cantidad y calidad. Qué importantes fueron ellos, los primeros profesores, que con un afán desmedido y sin escatimar esfuerzos se ocuparon de, no solo, emprender este nuevo proyecto sino encaminarlo hacia el objetivo fundamental de facilitar la educación secundaria, hasta ese entonces vedada para quienes se veían imposibilitados de emigrar en busca de ella. 

Quienes hemos transitado por sus aulas, sabemos que, como toda organización ha pasado por momentos difíciles, tuvo que soportar grandes tempestades y las hemos sufrido, pero tampoco podemos olvidar los amaneceres llenos de sol, reflejados en los insignes momentos cuando, con todo esmero, preparábamos las ferias de ciencias o campeonatos deportivos. Con los años esos momentos se fueron extendiendo, con la ya tradicional “Fiesta de las Promociones” de cada 28 de diciembre, día en que con los compañeros compartimos las anécdotas del pasado entrelazadas con las vivencias actuales experimentadas por cada cual.  

Ser egresada de esta casa de estudios me lleva a sentir un orgullo lógico y prudente, cada vez que corresponde señalar su nombre como parte de la trayectoria educativa en el aspecto profesional, pues esa fue la formación que recibí y la que jamás significó impedimento alguno para continuar estudios posteriores incluso diferentes a la orientación del bachillerato. 

Es importante además que en el marco de estos festejos, por cierto, muy merecidos para la sociedad itateña, nos llamemos a la reflexión sobre la trascendencia de esta celebración, no solo como un acontecimiento histórico mas, sino como un balance institucional de lo vivido durante este cincuentenario, con el solo objetivo de no perder la ruta trazada por aquellos pioneros a quien debemos gran parte de la educación itateña. 

Prof. Teresita González Azcóaga 
Egresada de la 30ma promoción 1996

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