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miércoles, 7 de diciembre de 2022

Misa por los 407 años de Itatí: Homilía de Mons. Stanovnik

El Arzobispo de Corrientes, monseñor Andrés Stanovnik presidió la Misa por el 407 aniversario de la Fundación del pueblo de la Virgen.

Homilía 
Hoy conmemoramos 407 años de la fundación del pueblo de Itati. En el año 1615, el sacerdote franciscano Luis de Bolaños funda la nueva reducción, a la que da el nombre de "Pueblo de Indios de la Pura y Limpia Concepción de Nuestra Señora de itati". La bella imagen, que dio su nombre a este pueblo, ya era venerada en estos lugares algunas décadas antes, configurando la identidad de este pueblo y a sus alrededores desde sus mismas raíces. Su modo de ser, de hacer y de sentir está traspasado por el amor y la devoción a la Virgen, que luego se extendió por toda la región del NEA.

Es así como a lo largo de más de cuatro siglos, innumerables peregrinos y promesantes llegan hasta aquí, para agradecer los beneficios recibidos y cumplir con sus promesas. Itati fue y es la Casa de la Virgen, a la que acuden sus hijos donde, consolados por Ella, regresan a sus hogares para retomar sus responsabilidades cotidianas con un mayor compromiso fraterno y solidario. Itati no solo es y fue Casa de la Virgen, sino que lo seguirá siendo en la medida que los itateños no dejen que se sequen sus raíces y no se recorten sus alas. Ellos, como los primeros depositarios del nombre y de la identidad de este pueblo, deben cuidar siempre de que sus alas arraiguen y sus raíces vuelen, como dijo el poeta Juan R. Jiménez.

María de Nazareth brilla en medio de nosotros como un ejemplo permanente de mujer que está al servicio obediente a lo que Dios quiere para ella. Recordemos, por ejemplo, cómo reaccionó ella luego de la inenarrable experiencia que tuvo en la Anunciación. La Virgen no quedó paralizada ni encerrada en ella misma. Inmediatamente pensó en quien la necesita para ponerse a su servicio, y así resuelve ir de prisa a la casa de su prima Isabel para ayudarle en los quehaceres de su casa (cf. Lc 1,39-56). La presencia de María en la vida del creyente es un permanente mensaje de apertura al Amor de Dios, de un fuerte deseo de hacer su voluntad, y de un incondicional amor al prójimo. En eso se juega la identidad de todo cristiano y en particular del creyente itateño, por tener a la Virgen como patrona y, en cierto modo, también fundadora de su pueblo.

El mensaje de la Virgen está profundamente arraigado en los orígenes de nuestro pueblo, mensaje que hoy queremos renovar para confirmar nuestra identidad de pueblo creyente, y para comprometer creativamente nuestro esfuerzo por ser testigos creíbles, a quienes la Virgen eligió para ser sus hijos más cercanos. Y, movidos por su ejemplo, no queremos clausurarnos en los pequeños horizontes de un negocio fácil y rápido, que puede presentarse atrayente, pero que a la larga seca las raíces y entorpece el vuelo hacia las cosas grandes y valiosas, como son la atención y el respeto a los otros, el diálogo con todos, la ayuda a los más vulnerables de la comunidad, la hospitalidad a los visitantes, el cuidado del lugar que habitamos, y esa fundamental y necesaria actitud de caminar juntos todos, sin excluir a nadie. Este es el mejor negocio que nos reportará grandes ventajas espirituales y también materiales.

La cálida y atenta atención a los peregrinos que se acercan a este Santuario, a los que caminan por las calles de este pueblo y disfrutan de un paseo por la costanera, a los se alojan en sus hospedajes y concurren a sus negocios, debe distinguir al creyente itateño, a quien la Virgen le confió su deseo de quedarse en este lugar. Este pueblo tiene una misión, que trasciende ampliamente los límites geográficos, y debe ir manifestándose cada vez más en una ejemplar atención al promesante y devoto de la Virgen y en una cada vez más prolija y bella presentación de su pueblo, el pueblo de la Virgen.

El aniversario del pueblo es una ocasión para agradecer el extraordinario regalo que les hizo la Virgen de quedarse en este lugar y cuidarlos durante más de cuatro siglos. Es también una buena y providencial oportunidad para renovar el amor a su celestial patrona y preguntarse cómo mejorar los vínculos familiares y sociales, porque solo un pueblo que supera sus divisiones internas, tiene posibilidades de madurar y progresar.

Conmemoramos este aniversario en el tiempo del Adviento. El anuncio de la venida del Señor nos despierta y nos hace caer en la cuenta de que Dios está cerca, Jesús vino, viene y vendrá. Él viene también en este aniversario a visitar a su pueblo. para decirle: "vengan a mi todos los cansados y abrumados por cargas y yo los haré descansar. Tomen sobre ustedes mi yugo, y aprendan de mí que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso para sus vidas, pues mi yugo es suave y mi carga, ligera" (Mt 11, 28-30), como lo hemos oído hoy en la proclamación del Evangelio.

Acompañados de nuestra Tierna Madre de Itati, abramos nuestro corazón y la vida de este pueblo a la venida de Jesús. Renovemos esa hermosa oración que el creyente itateño reza a su Patrona pidiéndole la gracia más importante: "que le conceda un gran amor a su Divino Hijo Jesús". Esa gracia le da identidad cristiana a este pueblo, identidad que es necesario alimentar con una entrega cotidiana de amor, que se sostiene con una memoria agradecida, con un presente de mayor compromiso, y una esperanza viva.

Que, en este aniversario, la Virgen de Itatí, nuestra celestial patrona, bendiga a su pueblo y a sus gobernantes; nos ayude a comprender y sostener el cambio que necesitamos en los corazones, en los hábitos y estilos de vida; y que la memoria agradecida de los orígenes de nuestro pueblo nos haga mejores cristianos y responsables ciudadanos.

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