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lunes, 29 de enero de 2018

Festejos patronales en La Palmira en honor a San Blas

La comunidad rural del paraje La Palmira se prepara para celebrar a su patrono San Blas.


El padre Derlis Sosa fdp, capellán de San Blas, informó que se está rezando la novena diariamente a las 19, con el lema “Ustedes son mis amigos”.

El jueves 1º de febrero a las 18:30 recibirán a las imágenes patronales de comunidades vecinas. Se congregarán frente al tanque de agua y desde allí caminarán procesionalmente hasta la capilla en donde se rezará la novena y la santa misa.

El padre Derlis, además dio a conocer el programa de los festejos patronales. El viernes 2, último día de la novena, a las 19 habrá bautismos y se bendecirán las gargantas a los pobladores de La Palmira. Por la noche tendrá lugar el festival musical y el saludo al santo patrono.

El sábado 3 a las 10 se realizará la procesión y luego se celebrará la santa misa. Al mediodía se compartirá el almuerzo comunitario y por la tarde se realizará un torneo de fútbol.

3 de febrero: Fiesta de San Blas, patrono de enfermedades de la garganta y laringólogos

San Blas, médico y Obispo de Sebaste, Armenia, era conocido por obtener curaciones milagrosas con su intercesión. Cierto día salvó a un niño que se ahogaba por una espina de pescado que se le había trabado en la garganta. De aquí la costumbre de bendecir las gargantas el día de su fiesta, 3 de febrero.

San Blas hizo vida eremética en una cueva del Monte Argeus y, según la leyenda, también se le acercaban los animales enfermos para que los curase. Sin embargo, no era interrumpido cuando el santo estaba en oración.

Por ese tiempo se produjo la persecución contra los cristianos de Agrícola, gobernador de Cappadocia. Cuando los cazadores fueron a buscar animales para los juegos de la arena en el bosque de Argeus, encontraron a muchos de ellos que estaban esperando fuera de la cueva donde estaba San Blás.

El santo justo se encontraba orando y fue tomado prisionero. Agrícola trató de que San Blas renegara de la fe, pero no lo consiguió. El tiempo en la prisión le sirvió al santo para interceder a Dios y lograr que algunos presos se curen.

San Blas fue echado a un lago, pero con la gracia de Dios se mantuvo parado sobre la superficie. Luego con valentía invitaba a los perseguidores a caminar sobre las aguas para que demuestren el poder de sus supuestos dioses, pero lo malvados se ahogaban.

Cuando el santo volvió a tierra fue torturado y decapitado. De esta manera murió mártir y partió a la Casa del Padre en el 316 D. C.