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viernes, 30 de marzo de 2018

Cientos de fieles participaron del Vía Crucis por las calles de Itatí

Finalizando las celebraciones del Viernes Santo, se realizó el gran Vía Crucis recorriendo las calles itateñas. 


A las 20 dio inicio partiendo desde la Basílica con la Cruz, el Cristo Yacente bajo palio y la Virgen de los Dolores portada por las mujeres que vistieron de negro. 

El rector del santuario, padre David Penzotti, presidió el Vía Crucis que recorrió 15 cuadras meditando la pasión y muerte de Jesús. Las estaciones fueron preparadas por vecinos junto a grupos parroquiales e instituciones, todas ellas representadas en vivo. 

La procesión avanzó por la avenida 25 de Mayo, Desiderio Sosa, Manuel Vallejos, Manuel Belgrano, Nepomuceno Alegre, Desiderio Sosa, Castor de León, Obispo Niella y nuevamente avenida 25 de Mayo para meditar, en el atrio de la Basílica, la última estación. 

El padre Feliciano de los Mozos tuvo las palabras finales de esta celebración, brindando un mensaje e invitando a participar de la solemne Vigilia Pascual que se celebrará mañana, Sábado Santo, a las 21 horas. Además recordó que durante el día no habrá ninguna celebración, sólo se atenderán confesiones.

CARTA DE JESÚS DESDE LA CRUZ
(Mensaje leído por P. Feli en la escalinata de la Basílica, al final del Vía Crucis por las calles de Itatí).

Te escribo desde mi cruz a tu soledad, a ti que tantas veces me miraste sin verme y me oíste sin escucharme.

A ti, que tantas veces prometiste seguirme de cerca y sin saber por qué te distanciaste de las huellas que dejé en el mundo para que no te perdieras.

A ti, que no siempre crees que estoy contigo, que me buscas sin hallarme y que a veces pierdes la fe mientras tratas de encontrarme.

A ti, que a veces piensas que soy un recuerdo y no comprendes que estoy vivo. Yo soy el principio y el fin, soy el camino para no desviarte, la verdad para que no te equivoques y la vida para no morir.

Mi tema preferido es el amor. Esa fue mi razón para vivir y para morir. Yo fui libre hasta el fin, tuve un ideal claro y lo defendí con mi sangre para salvarte. Fui maestro y siervo, soy sensible a la amistad y hace tiempo que espero que me brindes la tuya. Nadie como yo conoce tus sentimientos, tus pensamientos, tu proceder y sé muy bien lo que vales.

Sé que quizás tu vida te parezca pobre a los ojos del mundo, pero Yo sé que tienes mucho para dar, y estoy seguro que dentro de tu corazón hay un tesoro escondido; conócete a ti mismo y me harás un lugar a mí.

Si supieras cuánto hace que golpeo las puertas de tu corazón y no recibo respuesta. A veces también me duele que me ignores y que me condenes como Pilatos, que me niegues como Pedro y que me traiciones como Judas.

Hace tiempo que espero que te acerques a pedirme perdón en el sacramento de la reconciluación. Pero tú te resistes. Hace tanto que no te confiesas, que hasta te has olvidado cómo se hace. Y guardas en tu interior pecados que te hieren y te impiden ser feliz. ¡Confíamelos! Yo he muerto en la Cruz para perdonarte.

Dices que amas, que quieres mucho a tu esposo, a tu esposa. Pero a mí, que soy El Amor, no me quieres meter en tu matrimonio. Te niegas y te resistes a consagrar tu amor ante mí, a celebrar tu matrimonio... conmigo. No has entendido aún que yo quiero dar plenitud a vuestro amor. Quiero que me dejes entrar en tu pareja y que me dejes entrar en tu corazón, pudiéndome recibir también en la Eucaristía. ¿Por qué te resistes?

Hoy, te pido paciencia para con tus padres, amor para tu pareja, responsabilidad para con tus hijos, tolerancia para los ancianos, comprensión con todos tus hermanos, compasión para el que sufre y que les sirvas a todos.

Quisiera no volver a verte egoísta, orgulloso, rebelde, disconforme, y pesimista.

Desearía que tu vida fuera alegre, siempre joven y decente. Cada vez que sientas debilidad, búscame y me encontrarás; cada vez que te sientas cansado, háblame, cuéntame. Cada vez que creas que no sirves para nada no te deprimas, no te creas poca cosa, no olvides que yo necesité un asno para entrar en Jerusalén, como necesito de tu pequeñez para entrar en el alma de tu prójimo.
Cada vez que te sientas solo en el camino, no olvides que estoy contigo.

No te canses de pedirme, que yo no me voy a cansar de darte, no te canses de seguirme que yo no me cansaré de acompañarte, nunca te dejaré solo.

Aquí a tu lado me tienes, aquí estoy para ayudarte.

Te amo con todo mi corazón, tu amigo:
JESÚS











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