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sábado, 1 de septiembre de 2018

El recuerdo a Walter Vallejos

Por Roberto Bonastre 

El martes pasado, Itatí y muchos, hemos sufrido la pérdida dolorosa de un amigo, Walter Vallejos. Un hombre con la sonrisa dibujada en el rostro, que con un comentario alegre o el cuento oportuno, sabía sacar alegrías y risas de los demás que por ahí traían su “cara larga”. 


En su Paso de la Patria natal, desde su niñez y acompañado por sus hermanos “con o sin permiso” de Doña María, su madre y gran mujer, recorrían el río Paraná en aventuras pesqueras. Aquella práctica se transformó con el correr de los años en gran conocimiento de la fauna íctica y la naturaleza que lo rodea e hizo de Walter un experto guía turístico y pescador con un profesionalismo que sólo era superado por su pasión, el río. 

Cuando escribo estas líneas me acuerdo de otro gran amigo, Alfredo Mariano “Chichín” García y apasionado del río Paraná, al que le llamaba “Mi patio de Juegos”. Y Vallejos jugaba, de niño y de grande en aquel patio de juegos y hacía de una “especie de ministro de relaciones públicas” en nuestro pueblo, cuando se trataba de atender gentes que anhelaban obtener uno de los máximos galardones de pesca fluvial: el Dorado. Allí estaba entonces Walter, con su bonhomía característica, acompañándolos. Venían de todas partes del País (aparte de locales) y muchas veces de otras tierras y se llevaban de Itatí tres deseos cumplidos: el trofeo, la convicción del regreso a nuestra tierra guaraní y una valiosa amistad: Walter Vallejos. 

Su trabajo (Entel-Telecom) comenzó en las épocas que Itatí tenía sólo un teléfono para comunicarse con el “mundo exterior”. Junto a su esposa Adelma, hacían posible el sueño de muchos de comunicarnos con familiares y amigos “a la distancia” con el maravilloso invento de Graham Bell. Tal vez, nuestros jóvenes de hoy, acostumbrados a tener “todo” en un aparatito más pequeño que una tableta de chocolate, no puedan dimensionar el enorme servicio que prestaban a la comunidad los esposos Vallejos. Llamar directamente a un número era imposible. Había que pedir comunicación y darlo para que desde la Central, Walter nos “conectara”. Era tanta su amabilidad y paciencia que la mayoría de la gente no memorizaba los veinte o veinticinco escasos teléfonos del pueblo y era otras vez, el amigo que nos recomendaba: “el número de Fulanito es tal, aprendé porque va a llegar la automatización y no van a saber que hacer…”. Y cuando no trabajaba hacía lugar a su gran pasión, la pesca y compartir su valiosa amistad. 

¡Dice en su poesía, Pochito Roch que Sinecio“el barrilero” le robaba aguas al río. Este domingo que pasó, nuestro padre río, nos “robó” un amigo: WALTER VALLEJOS. ¡Que disfrutes de la Gloria de Nuestro Señor!

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