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viernes, 13 de julio de 2012

VERDADERAS MUESTRAS DE FE

Con una mirada de agradecimiento y difusión de nuestra fe mariana, me atrevo a escribir en este especial momento, que vivimos y disfrutamos los itateños junto a los hermanos de San Luis, Santa Ana, San Cosme, Itá Ibaté, Caa Catí, y nuestros vecinos hermanos paraguayos de Itá Corá, Mayor Martínez y General Díaz, entre tantos otros pueblos de todo el país que nos visitan. 


Hace poco más de 112 años nace esta peregrinación de a pie, caballos y carretas, cuando se coronara Nuestra Virgen Morena de Itatí, en el año 1900. El pueblo devoto de la Virgen, acompañado por su patrono San Lusito.

Podemos situarnos en visiones diferentes a realizar una escueta reflexión: el carácter histórico, nos hace pensar en sus orígenes, sus motivaciones, las primeras familias organizadoras, el valor de convertirse hoy esta peregrinación, en un Patrimonio Cultural con características únicas en la región y en el país.

Podemos también hablar de las adversidades de índole política que hizo peligrar su realización a mediados de la década del 50, o de la temida gripe A cuando el gobierno recomendó no realizarla por seguridad de los peregrinos.

Pero más allá de estas apreciaciones, quisiera conectar el profundo sentido religioso y popular, con que se vive, ante todo, los preparativos en el pueblo de San Luis. Trasmitida esta fe y este legado de generación en generación, con tanta humildad y generosidad, que es imposible no valorarla. Por caso, tuve la oportunidad de entrevistar a varias familias y en todas hay un denominador común, la prioridad en todo peregrino de San Luis está, programar el evento más importante de demostración de fe: visitar a la Virgen de Itatí junto a San Luis, Rey de Francia para la fiesta de su Coronación Pontificia del 16 de julio.

De a pie, a caballo, carreta o autos, no reviste hoy mayor trascendencia, pues cada uno lo hace con tanta devoción, que perdura y se siente que a través de los años nada ni nadie, detienen la fe de un pueblo que a pesar de sus diferencias, se une y caminan unidos, donde todos se reconocen iguales.

Los testimonios de agradecimientos, por una enfermedad que fue sanada, por el logro obtenido de un estudiante, de una materia aprobada, o algún título o diplomatura o cómo no el tan mentado primer trabajo, o la bendición de un hijo o por caso concretar la construcción de la casa propia. O simplemente dar gracias por la vida o la salud.

Lo demás es anecdótico o podríamos detenernos en lo pintoresco, en la vestimenta, en los bellos carruajes hasta los más humildes, con sus jaulas debajo de las carretas con sus gallinas vivas como avío para el regreso, en la diversidad de las comidas típicas, desde el chicharrón colgado en la carreta que golpea a una butifarra o longaniza, o cuando en el paradero se juntan las familias y con un mbaipy o locro se arma una guitarreada, que amanece con el grito de un gaucho que calentó la garganta con un fuerte, para meterle un sapucay a la Virgen cuando el de arriba le conceda la gracia de llegar a sus pies.

Esta es la fe del correntino, que demuestra así a su madre, con su canto, con su rezo.

¿Puede alguien sentirse cansado en el camino? No, porque la Virgen de Itatí lo espera. El sonar de las campanas de la Basílica, quedó como un eco que retumba en sus oídos, el recuerdo de la llegada del año anterior, le dan fuerzas de seguir su andar, aunque sus piernas duelan, aunque lleguen a su memoria los problemas que lo aquejan, de su cotidiano vivir.

Y en lo alto se divisa y de a poco la majestuosa Basílica que corona con la imagen de Nuestra Señora de Itatí.

Porque ya no en lo alto, sino a tus pies están los peregrinos, que año a año, prometen volver.

Pueblo peregrino de San Luis y de todos los pueblos que hoy peregrinan, gracias porque son el reservorio de valores, tradiciones y muestras de fe, que necesitamos todos los correntinos.

Detengamos nuestra mirada en estos momentos, que nos quieren invadir con costumbres ajenas a las nuestras.

Enlacemos y fortalezcamos nuestras familias para que continúen por la senda del camino y el origen de nuestras raíces y tradiciones y levantemos nuestra mirada a la Virgen de Itatí, para dar gracias, para pedir y para orar por quienes ya no están, pero viven en nuestros corazones, por los que quisieran venir y no pueden, por todos: ¡VIVA EL PUEBLO PEREGRINO DE LA VIRGEN DE ITATI!

Arq. María Griselda Aquino
Itateña

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