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martes, 8 de enero de 2013

¿QUÉ NOS ENSEÑA LA IGLESIA CATÓLICA SOBRE EL CULTO DE LOS SANTOS?



1.   ¿Para qué viene el peregrino a Itatí?
El peregrino que llega a Itatí, viene siempre para cumplir con la Virgen, pero al mismo tiempo, confía su vida a la intercesión de muchos santos. Basta ver las numerosas imágenes que se bendicen en la Basílica. Algo parecido sucede en todos los santuarios. Esto hace que se enriquezcan todos los altarcitos familiares de las casas particulares.

2.   ¿De dónde nos viene todo esto?
De los muchos siglos de historia, en que la Iglesia Católica trata de recoger, junto al Misterio de Jesús, Hijo de Dios hecho hombre, la devoción a María, Madre de Dios y a todos los santos, como modelos de vida cristiana para imitar.

3.   ¿Qué valor tienen estas devociones?
No son todas iguales.
Primero Dios. La Sma. Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Estas devociones están en el centro de la piedad cristiana. Por ejemplo: la Cruz de los Milagros en Corrientes (el Señor del Milagro en Salta, Cristo de la Peña en San Luis, Señor de Mailín en Stgo. del Estero), el Niño Jesús, el Sagrado Corazón de Jesús, el Espíritu Santo, Jesús Misericordioso, etc.
También tenemos devoción a los Ángeles (especialmente el Ángel de le Guarda) y a los Arcángeles (Miguel, Gabriel y Rafael), como espíritus purísimos que están junto a Dios y por gracia de Dios nos guían y protegen.
¡Sólo a Dios adoramos!

Después, la Virgen María, Madre de Dios. En sus distintas apariciones, María ha dado (o tomado) nombre a muchos pueblos y ciudades: Itatí, Luján, el Valle, San Nicolás, Rosario, Fátima, Lourdes, Pompeya, etc. También se la invoca con otros muchos títulos de devoción, cada uno con su historia: la Merced, el Carmen, la Medalla Milagrosa, Desata nudos, Auxiliadora y otros.
El culto a María no es de adoración, sino de veneración que es el reconocimiento que se da a una criatura humana, privilegiada por el don de la Santidad regalada por Dios.

Por último, el culto de veneración de los santos: los veneramos, no los adoramos.
El Pueblo de Dios no se cansa de recurrir a los santos, como intercesores y modelos.
Intercesores, porque estando junto a Dios pueden orar por nosotros.
Modelos, porque, espejándonos en su vida podemos vivir más hondamente alguna página del evangelio que cada uno de ellos ha sabido encarnar con fuerza y claridad. Si quiero entender cómo se ama al prójimo, miro a la Madre Teresa o a Don Orione. Si quiero ser misionero, miro cómo vivió San Francisco Solano.
Dios se muestra grande en la variedad de sus santos. Esa misma variedad ha dado origen a muchas devociones singulares.

4.   ¿Por qué invocamos a los santos como “especialistas”?
La devoción popular se ha inspirado en alguna característica particular de cada santo para convertirlo en “especialista” para algún fin especial. Aunque, en realidad, todos los santos tienen la misma especialidad: imitar a Jesús, enseñarnos con su ejemplo el buen camino y rezar ante Dios para que podamos vivir el evangelio.

-     En algún caso, la devoción nace de lo que han hecho en su vida:
San José: es patrono de los moribundos, se lo invoca para pedir una buena muerte, en gracia de Dios, porque la tradición lo muestra en el lecho de muerte, asistido, nada menos que por Jesús y María. También se lo tiene como patrono de las familias, porque fue jefe de la Sagrada Familia: Jesús, José y María.
San Cayetano: se lo invoca para pedir Pan y trabajo porque dedicó su vida a los huérfanos y a los pobres. Se lo representa con las espigas del pan.
San Luis Orione: padre de los pobres, al igual que Madre Teresa de Calcuta, San Vicente de Paúl y tantos otros santos de la caridad.
Santa Lucía: Se la invoca como patrona para los que sufren la vista, porque al sufrir el martirio le arrancaron los ojos. Se la representa con los ojos en un plato.
San Blas: se lo invoca para las enfermedades de la garganta, porque según la tradición, curó un niño que se había atragantado con una gruesa espina de pescado.
San Antonio: es el santo de los milagros, porque hizo muchos milagros en vida y fue canonizado en tiempo record, un año después de muerto.
San Francisco: el santo de la ecología, por su amor a la naturaleza.
San Benito: Fundador de los monjes, se lo invoca con una bendición especial porque en cierta ocasión en que iba a ser envenenado, con su bendición quebró el vaso del veneno.

-     En algún caso, la devoción nace de la profesión:
San José: fue esposo de la Virgen María, artesano de oficio. Por eso es patrono de los obreros,  carpinteros o artesanos en general.
San Pantaleón: mártir de los primeros siglos, era médico, por eso se lo invoca pidiendo el don de la salud. También fueron médicos San Lucas y los santos Cosme y Damián.
Santa Cecilia: mártir de los primeros siglos, se representa con una lira en la mano. Es patrona de los músicos.
San Crispín, Por su oficio, es considerado patrono de los zapateros.

-     En algún caso, la devoción nace del nombre:
San Cristóbal: Su nombre querer decir: “el que lleva Cristo”. Patrono de chóferes y camioneros. La tradición cuenta que era un hombre muy fuerte y que cargaba a la gente sobre sus hombros para cruzar el río. Un día llevaba a un niño muy pequeño en sus hombros y le preguntó por qué pesaba tanto. El Niño le dijo que estaba cargando con el mundo sobre sus hombros, o mejor todavía, llevaba al creador del mundo y así él reconoció, en esa criatura, al Niño Jesús.
San Expedito: Fue mártir en los primeros siglos y se lo invoca como patrono para las cosas urgentes. El motivo más probable es su mismo nombre. En efecto, en latín Expedito quiere decir: rápido, urgente. Así se usa en castellano la palabra “expeditivo”. Es curiosa la representación de su imagen, pisando un cuervo, de cuya boca sale la palabra “cras” que remeda el chillido del cuervo y que en latín quiere decir “mañana”. En su mano lleva una cruz en la que está escrita la palabra “hodie” que en latín significa hoy. Patrono, entonces, de las cosas urgentes, pisando el “mañana” y empuñando el “hoy”.

Algunas convicciones
1. Es legítimo invocar al santo como “especialista”, fundándose en estas simpáticas notas con las que la piedad popular ha sabido rodear la devoción a los santos, pero, al mismo tiempo, nos queda bien claro que es Dios quien concede las gracias.
2. Sólo Dios hace milagros. En realidad, el Único que hace milagros es Dios que es el único “especialista”.
3. Se falsea la devoción, cuando recurrimos al santo, como si se tratara de un “yuyo” para la vista, para el estómago, para el amor, etc. Quedarse sólo en eso, nos lleva a caer en algo parecido a la magia.
4. No debemos acercarnos a Dios, con actitudes mágicas. No es justo hacer ritos, o usar al santo como amuleto, para “forzar” un milagro. La fe no pretende dominar a Dios, sino ponerse en sus manos.
5. Rezo para que se cumpla en mí la voluntad de Dios. No rezo para que Dios haga mi voluntad. Eso sería magia. Rezo y me confío a la voluntad de Dios que sabe lo que es bueno para mí y los míos.

Creencias populares
Hay devociones populares que no pertenecen directamente al culto cristiano, por tanto no están aprobadas por la Iglesia. Se basan en creencias, a veces en leyendas o en el valor simbólico de algún personaje popular. Por respeto a la religiosidad de la gente, podríamos llamarlos con mucha generosidad, “santos del pueblo”, sin que ello implique ninguna aprobación oficial. Para la Iglesia constituyen un verdadero desafío, porque por una parte, existe en el pueblo un deseo religioso que se manifiesta en distintos gestos populares de veneración, pero por otra, no hay fundamentos para acreditar una verdadera santidad o ejemplaridad de vida.
Algunos de esos personajes son como “próceres no oficiales”: Pancho Sierra, la Madre María, la Difunta Correa, y en Corrientes, el Gauchito Gil.
La práctica actual es:
- Tratar siempre con respeto a quien, estando en buena fe, manifiesta esta devoción.
- Al mismo tiempo, se procura explicar que no se bendicen sus imágenes por no estar aprobadas como santos de la Iglesia.
- En muchos casos, los fieles encargan misas por Antonio Gil, lo cual se acepta de buen grado, porque es siempre legítimo rezar por los seres queridos, sin que ello implique juicio sobre su santidad.
Nótese que esta actitud muy atenta ante cualquier fenómeno religioso es un deber sagrado para la Iglesia, puesto que se impone un serio discernimiento para que el pueblo no se confunda, ni sea engañado en su buena fe por los aprovechadores que nunca faltan. Con frecuencia se habla de apariciones de la Virgen o de imágenes que lloran y no es fácil saber cuando se trata de un engaño, una sugestión, o un milagro auténtico. La Iglesia, ante fenómenos extraordinarios, acostumbra a estudiar con seriedad, caso por caso. Las mismas devociones oficiales, fundadas en mensajes o apariciones (Fátima, Lourdes, San Nicolás, Jesús Misericordioso), han debido pasar por largos procesos de discernimiento antes de su aprobación.

Las supersticiones
Hay personajes e imágenes que se usan para hacer daño u otros males. Ya entramos en el campo de la magia. Por ejemplo: San la Muerte, San Son. No pueden ser aprobadas por la Iglesia porque son tristes deformaciones de la fe.
San La Muerte, probablemente haya nacido como una deformación del “Señor de la Paciencia”. También se lo llama San Justo y se lo usa para la venganza y para infundir miedo al castigo. Basta analizar la oración, impresa al  dorso, para darse cuenta de que no es cristiana, ni digna de una persona de buenos sentimientos. “Que se arrepienta toda la vida el que daño o mal de ojo me hizo y se vuelva contra él enseguida. Para aquel que en amor me engaña, pido que le hagas volver, y si desoye tu voz extraña, Buen Espíritu de la Muerte, hazle sentir el poder de tu guadaña. En el juego y en los negocios mi abogado te nombro, como el mejor y todo aquel que contra mí se viene hazlo perdedor.”
San Son: parece una simple deformación del nombre del personaje bíblico “Sansón”, famoso por su fuerza física, porque afirmándose en sus columnas, derribó un edificio, aplastando a todos sus enemigos filisteos.

P. Roberto Simionato
Itatí, octubre 2005
Revista “El Mensajero de Nuestra Señora de Itatí”

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