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lunes, 21 de mayo de 2018

Monseñor Stanovnik presidió la Misa por los 50 años del Cottolengo de Itatí

Se realizaron los festejos por los 50 años del Pequeño Cottolengo Don Orione. La misa fue presidida por el arzobispo de Corrientes.




En el acceso al Cottolengo se bendijo una placa recordatoria del medio siglo de la fundación de esta casa de caridad. 

Participaron del acto el arzobispo de Corrientes, monseñor Andrés Stanovnik, el Vicegobernador Gustavo Canteros, el Intendente José Germán Fernández, el Viceintendente Edgar Silva Bizarro, concejales de Itatí, representantes de las fuerzas de seguridad y de diversas instituciones, los sacerdotes de la Basílica y residentes y personal del Cottolengo. 

Luego en el patio, monseñor Stanovnik presidió la Misa de acción de gracias con la presencia de la imagen peregrina de la Virgen de Itatí, la celebración fue concelebrada por el rector del santuario, padre David Penzotti; el responsable del Pequeño Cottolengo, padre Fernando Guevara; el anterior director padre Damián Picone, y los sacerdotes de la comunidad orionita de la Basílica, padres Derlis Sosa, Feliciano de los Mozos y Sergio Ochoa.

Monseñor Andrés, en la homilía saludó a los asistentes y presentó a un residente del Cottolengo, a Rogelio "hace un año que está, vivía en la calle y de la calle, con todo lo que eso significa, pero llegó una mano, lo lenvantó y lo trajo acá y hoy tiene una vida digna, de modo que es posible acercarse a los que están más postrados, no es tan difícil".

En otro tramo dijo "celebrando los 50 años del Pequeño Cottolengo damos gracias a Dios porque es bueno con nosotros".

De la celebración eucarística también participaron las autoridades provinciales y locales, residentes, personal y colaboradores del Cottolengo. 

A las sombras del santuario de la Virgen 
El Pequeño Cottolengo Don Orione comenzó a funcionar el 20 de mayo de 1968, cuya piedra fundamental había sido bendecida el 15 de julio de 1950, en una propiedad que había sido donada al obispado de Corrientes por las señoritas Feliciana y Juana Paula Vallejos. 

El edificio original fue construido con el aporte de bienhechores, así lo recuerda Silvo Lovato, "el dinero totalmente en efectivo donado por una hacendada de Curuzú Cuatiá. La gestión fue realizada por el entonces cura párroco de Itatí, el padre Mario Cabri, y el que suscribe era el chofer que acompañó al sacerdote a buscar el dinero a la ciudad de Curuzú Cuatiá y que se trajo en una pequeña valija”, recordó en una publicación en una red social. 

Bajo la protección de la Madre de Dios, el Pequeño Cottolengo de Itatí ha venido señalando desde su fundación, importantes progresos en el beneficio de los desamparados que franquean sus puertas, siempre abiertas.