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sábado, 10 de julio de 2010

SINESIO, EL VIEJO BARRILERO ITATEÑO, MÁS ALLÁ DEL ALBA

A poco de celebrarse el Día de la Virgen de Itatí, las regalías son para su pueblo. Nada mejor que recordar la música y la poesía que uno de sus más preciados poetas, “Cacho” González Vedoya, inmortalizara en temas como “Sinesio el barrilero”. Aquí la historia de aquello que ocurrió en los años ‘40.

Por los años ‘40 Itatí se podía caminar entre dos cuadras. A una estaba la plaza y a la otra el monte”, dice el poeta Juan Genaro “Cacho” González Vedoya, que a principios de la década nacía en la capital correntina pero que de inmediato se trasladó a vivir su niñez en ese pueblo donde los símbolos se gestaron con la fuerza del verso y así se perpetuaron en la memoria de la gente.

Justamente “La gente de mi pueblo” llamó, años más tarde, a un compilado de letras que se presentó en el concurso “Canción Nueva”, que recibió los primeros premios, motivó la grabación de un disco y revolucionó el estilo chamamecero con la impronta de compositores tales como Gonzalo “Pocho” Roch, Edgar Romero Maciel, Mario Bofill, Antonio Tarragó Ros, entre otros.

Gente de pueblo como Nati el campanero, Sinesio el barrilero, Don Delfino Maidana, Miguelito carapé, Valdez el carpinchero y Cambá rulito, sentados al costado del alba para decir sin hablar, mostrando nada más, la historia de su hazaña diaria y finita como el agua.

“Yo era criatura y andaba a los saltos en el carrito de Sinesio, lo acompañaba al río, iba casa por casa con él, toda una proeza de chico”, dice a El Litoral.

Recién llegado de Buenos Aires, Cacho fue invitado por la Academia Nacional del Folklore al ciclo “Diálogos del folklore”, que se concretó en el Centro Cultural Recoleta. Lo presentó Antonio “Tonito” Rodriguez Villar, el presidente de la Academia; entabló la charla con Carlos Lezcano y Juan Pedro Zubieta; se escuchó la música interpretada por sus amigos de siempre, Marcelo Gatti y Daniel Osuna, Aldy Balestra en guitarra y Javier Acevedo en acordeón.

“La gente vino a abrazarme llorando después de escuchar estos temas, personalmente fue una gran emoción”, señala.

“Tanto Nati el campanero de la Basílica de Itatí, como Sinesio, eran orgullosos de sus oficios, que con el tiempo quedaron en la extinción total. Un día me avisaron que estaba enfermo, internado en el hospital del pueblo. ‘El de tu canción está en aquella cama’, me indicaron. ‘Vamos Sinesio’, lo alenté, ‘su carrito con tambor lo espera’. Y con mucha pena contestó: ‘No mi hijo, están poniendo canillas por todos lados. Esas cosas de la vida ¿no?’”.

Para el viejo aguatero, su humilde trabajo no pasó en vano. La voz de Lilian Claro lo cantó, describiendo ese paso pequeño por el río, para calmar la sed de sus hermanos, gente de pueblo como él, gente para conversar sin sentirse un extraño.

Cacho González Vedoya sigue escribiendo, tiene guardados los relatos en el alma.

En agosto se va a la provincia de San Luís, invitado a participar del Congreso de Folklore.

“El canto del río, de los pájaros, del viento y del hombre mismo, no se traducen, y es por eso que así los guardamos, limpios y puros”, dice el poeta.

Fuente: Diario El Litoral

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