
Su histórica frase: “no trate de economizar sangre de gauchos. Este es un abono que es preciso hacer útil al país. La sangre es lo único que tienen de seres humanos” (carta dirigida a Bartolomé Mitre), y su elogio a la bárbara ejecución de Vicente Angel Peñaloza “el Chacho” (uno de los artífices de la lucha del interior provinciano contra la oligarquía porteña), y su histórica definición –siendo presidente de los argentinos- en el sentido que: “el título de propiedad debe sustituir a la simple ocupación” (argumento con el cual se justificaría el despojo de sus tierras a los pueblos aborígenes, en sintonía con el unicato roquista), pone al desnudo cuanto menos, lo polémico de su figura histórica y la razón del por qué la superestructura cultural del sistema (liberal-capitalista), lo encumbra como uno de sus máximos paradigmas históricos. Llegó a la presidencia de la Nación no por la voluntad del soberano, sino por un acuerdo espurio entre Mitre y Alsina, y fue uno de los artífices de la infame Guerra de la TRIPLE ALIANZA, con la cual el imperio británico aliado al imperio de Brasil, puso fin al ambicioso proyecto independentista del Paraguay de Francisco Solano López.
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